Noches de tinto

No sé, era tal vez la lluvia, o porque era martes. Sólo sé que ese día aprendí a hablar colibrí.

Esperaba tras los barriles de diciembre una llamada un tanto preocupada, el silencio me salvaba del ruido a edificios viejos. El frío, desesperado por no ser mi enemigo. La soledad se arrastraba con el viento y yo respiraba libertad.

Cerré mis ojos y sentí a La Tierra en mis pies descalzos, sus vibraciones distantes, su grandeza. Me levanté y algo me llamó a dar vueltas, retándome a no marearme. Mi rapidez se tornó peligrosa, sentí que caía en cualquier momento.

Una risa, pequeña, aguda. Me detuve. No había nadie cerca. Tras las flores volaba un eléctrico colibrí. ¿Fue su canto? ¿Los colibríes cantan?

Continué con mi juego. La risa de nuevo, ahora más cerca. También el colibrí. ¿Tú estás riendo? Con su rápido revoloteo regresó a las flores. Estoy loco, a dar vueltas de nuevo.

¿Quién eres? La voz pequeña otra vez, ahora no me detuve.

-Soy Londoz, ¿tú quién eres? ¿Por qué no puedo verte?

-Soy Licia, ya me viste.

-¿Eres el colibrí?

-Licia… colibrí.

-¿Los colibríes hablan?

-Tú puedes hablar como nosotros. También puedo mostrarte algo, pero debes correr.

-¿A dónde?

-Detente y busca el bosque. Corre hacia él, yo voy contigo.

Atravesando la calle sin asfalto, había un bosque de pinos, corrí persiguiendo al colibrí que me llevó dentro, donde me encontré con más colibríes que cantaban mi nombre, cada vez con más intensidad. Londoz, Londoz, Londoz…

Tratando de no tropezar, me adentraba cada vez más en el bosque. Sin dejar de correr, sin dejar de escucharlos. Regresa, me decían. Te necesitan, sus pasos, sus peldaños, tus sonrisas.

Perdón. Un llanto. Una pequeña rabia. Trámites sin consuelo. Un escalofrío intenso.

-¡Pero me asfixio! –seguí corriendo, escapando de ellos. La calma no es inalcanzable. ¿Cómo lo saben, pequeños? Corrí, corrí sin darme cuenta que eso aclaraba más sus voces. Me ardían los pies. Claro, si corría en un bosque. Pero estaba próximo a su final, grité fuerte y salté a la grama que estaba cerca. Dejé de oírlos, ya sólo la noche me reclamaba.

La llamada preocupada, no contesté. Ya iba de regreso.

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Un comentario sobre “Noches de tinto

  1. Final muy abierto, me suena a una despedida para los que se quedan mientras Londoz se va, o tambien a un sueño que Londoz dejo ir para quedarse solo a ver la inmesidad de la noche.

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