Aquello

Lloran los ojitos de las orugas,

lloran rebuscando sus tejidos.

Su seda de bolas pequeñas,

se rompe mirando de lejos una estrella.

 

¿Cuándo escucharán su risa otra vez?

Si ella no las busca, ni las espera.

No es a quienes conmueve,

cuando brilla ilusionada por ternura.

No es su pensamiento,

cuando a la noche aguarda el sol en su sombra oscura.

 

Ella no sabe que las ha mordido,

con un colmillo pequeño que tamborilea,

y se mueve en sus ojitos rojizos,

mientras agita sus entrañas pequeñas.

 

Dejarán quizá un día de llorar,

sus ojitos encorvados que débiles entonan.

Dejarán de esperar,

cuando la estrella las vuelva a ver de cerca.

 

Tienen mordidas sus almas las orugas,

pero es tan crío lo que les duele,

que ni las estelas que dejan los patos

pueden ser tan dulces.

 

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