bachiller

En donde vivo fue siempre algo muy normal. Yo lo veía en las chicas mayores y no le encontraba ningún problema. Siempre quise seguirlas, hacer lo que ellas hacían porque eso las volvía populares en las calles . Así que fui creciendo y descubrí que además de darte popularidad, estar con varios chicos, también te da placer. Entonces me pregunté: ¿debería de cobrar por esto? Y después de un tiempo, lo bien que me iba me respondió que sí. Me volví mi propia jefa y yo decidía con quién sí y con quién no. Por supuesto, se necesita el dinero, pero a veces también darse el gusto.

Está bien Elena.

Estaban sentadas en una mesa pequeña y de plástico. Comían galletas secas, un poco duras, pero con buen sabor. Marianela nunca podía ver a Elena a los ojos. Se mantenía jugando con sus manos, olisqueando algo inexistente, mordiendo las puntas de su cabello.

Marianela, ¿entiendes lo que quiero decir? En todas las chicas que conozco veo lo mismo, quieren dinero y quieren divertirse. Algunas lo hacen por sus hijos, otras porque a eso llegaron. Pero al final, siempre lo disfrutan.

Marianela asintió rápido, como una niña tímida.

Pero no veo nada de eso en ti. No veo que lo tomes como tu profesión. No veo que lo disfrutes, Marianela, yo te veo sufrir. ¿Qué pasa? ¿Qué haces haciendo esto?

Dejó de observar con miedo sus manos y una mirada de desprecio invadió a Elena. Con una voz entrecortada, débil, pequeña, intentó darle una respuesta coherente:

No me trates como si fuera tu sobrina. Si hago esto, es por mis razones y no deberías de saberlas. Déjame en paz Elena, no eres la reina de las putas.

 

Unos minutos más tarde, Marianela regresaba a su habitación alquilada. Tomó de su mesa un cuaderno, un lápiz y un libro. No tenía a quién alimentar, a un enfermo que cuidar, ni siquiera tenía una familia a la que acudir. Solo se tenía sí misma, y teniendo plena conciencia de eso, sabía que solo ella podía hacer de su vida algo que valiera.

Comenzó a resolver el ejercicio que había dejado a medias por la llamada de Elena, iba a responder que la capacidad de reproducción de los seres humanos se debía a la propagación de la especie o algo parecido. Pero durante la conversación, había cambiado de idea.

Dinero, placer, y ningún sueño.

 

 

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