dos estrellas

A todos esos niños que, víctimas de una guerra, les llaman la generación perdida.

 

Dicen que fue un quince de marzo, cuando yo apenas tenía unos años. Recuerdan que recostarse durante la tarde, tenía un aire delicado de silencio, de pies dando pasos en la tierra, de jugo, de risas, de siestas. Yo recuerdo de esos momentos cómo llegaban los monstruos. Esos oscuros y grandes cañones que nos hacían correr de lo que, me dijeron, era nuestro hogar. Yo no recuerdo mi jardín, no recuerdo jugar. Si alguna vez fui una niña, solo en mi edad podría decir que es cierto.

Las paredes cayeron, las casas se enterraron. ¿Y nuestros padres? ahí permanecieron debajo. Nuestros hermanos nos sacudieron las moscas mientras dormíamos, nuestros hermanos nos jalaron de los brazos, nos hicieron saltar, correr, cruzar alambres bajo tierra. Llegamos a lugares nuevos, calles desconocidas. Aunque estemos lejos, las calles siguen siendo las mismas. No sabíamos cómo hablar en un idioma que no entendíamos. Apenas y acabábamos de aprender a usar el nuestro.

Nos volvieron mulas, carruajes, la limpieza. Nos cubrimos del cartón, las bolsas, la basura. El único sentimiento conocido, el miedo. El miedo a dejar de vivir, el miedo a recordar qué había muerto bajo los escombros. El miedo a no saber soñar, a olvidar el tiempo que llevamos caminando.

¿Hay un más allá cuando explotando se mueve la tierra? Si me explicaran lo que buscan, si me dijeran por qué pelean. ¿Perdieron las bombas también a sus padres? Quisiera ayudarlos, quisiera yo poder darles lo que tanto aguardan tras sus uniformes de guerra. Me preguntan si estoy enojada, si a aquellas armas yo por dentro les guardo rencor, me preguntan de qué son mis cicatrices, cómo las curé entre tanta confusión. Nunca sé cómo responderles que no entiendo nada, que lo único que sé es que perdí dos abrazos, dos firmes y seguros abrazos; de esos que con cuidado me arropaban durante la noche, mientras afuera se debatía si seguiríamos caminando juntos, o nos acabaríamos, para siempre, bajo una pared destrozada por el gatillo.

huérfana

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