no respira

Su legado y su condena

de su mirada alargada

en sus hombros se encadena

a una unión desbordada.

 

Del fuego se arrebata

el reino de sus colmenas

que golpetean un fulgor

alejado del bramante.

 

Corren sus piernas de espiga

que pintan un poco la escena

de arañazos que caminan

en la razón que se encarcela.

 

Sus luces son el llanto

abandonado bajo la luna,

luna homicida.

 

No respira, no respira.

 

Conmueven sus puntos,

de negruras y ausencias,

en sus tronos y coronas,

cubiertas en nada y en ninguna.

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