La caída del hueso vómer

En los millones de años que fueron aquellos en los que no existíamos, nuestra conciencia intentaba despertar de las cuevas oscuras que nos protegían del sol. No sabíamos lo que era sentir, no sabíamos lo que era llorar por el dolor. Nuestra piel seca se adhería a las grietas del suelo negro que más adentro de las cuevas se hacía frío y se afilaba en blancos gritos.

Fue cuando los leímos: sabios, pequeños; de hocicos tiernos y miradas fijas. Los aprendimos y deseamos ser como ellos. Los perseguimos, los imitamos, los descubrimos atendiendo a nuestro reclamo. Ellos nos cantaron lecciones, nos iluminaron con sus versos que se perdieron en ilusiones. ¡Cuán maravilloso fue cuando abrimos nuestros ojos y entendimos que había un cielo! El color azul, nos dijeron, es el color que ustedes hacen cuando respiran.

Nos enseñaron del verde, del gris y del naranja. Nos enseñaron de la sal, del agua, de la tierra. Nos dieron la bienvenida a su ciudad pequeña, ciudad de risas y vestigios; ciudad de horizontes y caminos. Nos cedieron como ofrenda a sus más viejos vecinos, y nos amaron como a hermanos que se prestan sus lamidos.

Pero eran los caninos tan fieles, tan afables; eran ellos tan calurosos cuando necesitábamos de sus palabras amables, que cuando los superamos en número nos volvimos nosotros los comandantes y defraudamos su afecto excediéndonos en sentir: sentimos la ambición, la codicia y el afán de ser primeros; sentimos la encarnación de lo cruel y lo egoísta en nuestros dedos. ¿Por qué no pudimos amar como lo hacían ellos? ¿Por qué deterioramos a lo azul y a todo lo bello?

Y así fue cuando ellos dejaron de hablarnos, se emprendieron en un viaje solitario de aceptar lo que les dábamos. Nosotros los olvidamos, olvidamos a sus voces; nosotros los callamos y los abandonamos en los bosques. Ahí cayeron las bombas, cayeron los carteles; ahí se reflejaron los hombres en los charcos de narciso, y como sabios en amarse a sí mismos, rechazaron los abrazos que asperjaban los caninos. Pero ellos aún así volvieron, nos perdonaron sin que lo supiéramos; son ahora fieles y diestros a la espera de que este mundo termine de cerrarse y decida de nosotros los que matamos, despojarse.

perro, pintura, dibujo, hueso vómer

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