Ana Vegana: Mi testimonio del 2017

“Ha sido mágico haber llegado aquí sin un solo talismán. Perdido el tenedor me queda el mordisco.”
Vetusta Morla-Deséame suerte

Realmente ha sido mágico como el año 2017 terminó siendo todo lo contrario a lo que imaginé que sería. Nunca pensé que llegaría a hacer lo que estoy haciendo hoy, ni sería la persona en la que me he convertido. Tenía nada más algunos sueños borrosos que se asemejaban, pero nunca esperé que de hecho fueran a volverse algo tangible. Por eso quiero tomar mi primer entrada del 2018 (también la primera desde hace varios meses) para contar todo lo que ha sucedido.

Deséame suerte 🙊 Vetusta Morla "Se apaga el carrusel después de otro carnaval Los conos de papel ensucian el piso Se apaga el carrusel, se marcha de la ciudad ¿y qué viene después? No sé a dónde regresar La aurora me dejó a los pies de mí mismo Sin cima que ascender, sin nota en las páginas Soy lo que ves, soy un indicio No reconozco mi propio carné Soy lo que ves, solo el principio Busco las riendas de un nuevo corcel Ha sido mágico Ha sido mágico Haber llegado aquí sin un solo talismán Perdido el tenedor me queda el mordisco Soy lo que ves, soy un indicio No reconozco mi propio carné Soy lo que ves, solo el principio Busco las riendas de un nuevo corcel Todos necesitamos alguien que nos cubra A veces un aplauso, a veces un juez Todos necesitamos luz en la penumbra Y un villano honrado en quien creer Se apaga el carrusel Se apaga el carrusel Deséame suerte Soy lo que ves, solo el principio Guardo en la manga el as que encontré Días de miel, tardes que alumbran Tengo las riendas de un nuevo corcel" #AnaVegana #VetustaMorla #DeséameSuerte #dab

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Comencé el año en blanco, no sabía qué iba a hacer, ni qué iba a pasar. Solo quería encontrar la forma de terminar de escribir mi libro (que aun no termino, por cierto) y ver qué sucedía con él. Pero como tengo el hábito de distraerme, me dejé llevar por un libro muy especial que llegó a mis manos: El Médico, escrito por Noah Gordon.

Me recordó que en mis tiempos de colegio, yo tenía mis sueños divididos en dos, por un lado quería dedicarme a ser artista, a escribir, a pintar, a cantar; pero mi otra mitad quería estudiar medicina. Sí, la ciencia siempre me atrajo mucho y más la que estudia al ser humano (y todavía más la que estudia su mente). Así que cuando leí el Médico, y vi la pasión con la que el protagonista se dedicaba a sus pacientes, creí haber cometido un error al escoger el arte.

Pasé un tiempo sintiéndome muy dramáticamente arrepentida y encontrando destellos de mi interés por la salud en pequeñas pasionsitas que he tenido estos años. Desde la curiosidad que me daba el cerebro y por la que escribí una pequeña antología de relatos (Cerebros) a la manía que tuve al experimentar con aceites esenciales y materiales como la arcilla para sanar dolores (y desaparecer las manchas de la piel de mis tías). La medicina siempre tuvo su espacio en mi vida y yo no lo había notado.

Decidí guardar la calma y comencé a buscar cursos de medicina natural para “ver qué tal”. Mientras encontraba uno, leí mucho al respecto y me obsesioné con ver videos de doctores que mágicamente también son youtubers y cuentan sus aventuras en la carrera. Cuando de repente, no sé cómo, ni en qué momento o lugar, se me cruzó el estilo de vida “vegano”. No sé si fue en algún artículo, o qué diablos, pero ni entendía de qué se trataba y me puse a investigar.

Me impresioné al ver cómo los veganos toman la decisión de dejar por un lado los placeres alimenticios por defender el bienestar del mundo; no entendía cómo podía existir una comunidad tan poco egoísta y leal, e inmediatamente quise intentarlo. ¡Mi cerebro explotó! Fue como si una roca hubiera caído en mi cabeza y unas plantitas se estuvieran dedicando a reconstruirla. 

Aprendí lo que es poner a los demás antes que uno. Lo que es amar al prójimo, respetarlo, estar en armonía con él y desear lo mejor para su vida. No darse tanta importancia a uno mismo y ser simplemente un catalizador de paz y alegría. Sé que el veganismo trata de aprender a amar a los animales y al planeta, pero de esta experiencia puedo decir que yo aprendí a amar a Dios y a todos los demás. Siempre creí en Él y lo tenía como un ser interesante, pero nunca me sentí tan cerca de Él como cuando decidí volverme vegana. Sabía que me estaba llamando a hacerlo, que me invitaba a tomar el riesgo para enseñarme muchas cosas; y todo lo que me enseñó finalmente fue quién es Él y qué es posible para Él.

Encontré un curso de medicina natural y asistí por pura curiosidad, pero ya no me sentía como antes; acelerada, como un salta montes tratando de encontrarme en algún lado, tratando de encajar en alguno de todos los sueños que he tenido, simplemente me dejé llevar por Dios y por lo que Él quisiera hacer con mi vida. Dejé de escribir porque ya no le encontraba el propósito y pensé que volvería hacerlo cuando supiera para qué lo quería hacer. Dejé de pensar que la medicina era la respuesta y aprendí que Dios es la respuesta. Que para Él no hay enfermedades incurables, ni medicamentos que sanan y hacen daño al mismo tiempo; sino simplemente sanidad. Le pedí a Dios que entonces me convirtiera en su sanadora.

Me enamoré de Dios, y para mientras, me apasioné por la comida vegana. Experimenté muchísimo y todas las veces me sorprendía cómo con puras plantas podía crear cosas tan deliciosas. Sentí amor por esa comida tan inofensiva, tan saludable y tan versátil. Siempre me ha gustado cocinar y era uno de mis negocios cuando iba al colegio. Vendía brownies y panes con pollo. Se vendían bastante bien, hahaha. Así que para mí fue muy alegre volver a aprender a cocinar.

No sabía que Dios me estaba preparando para algo grande.


Meses después de mi catarsis espiritual, recibimos una bendición tamaño familiar; un tesoro escondido que nos parecía irreal, casi imposible: una herencia. 

Nadie sabía qué hacer con ella, cada quien tenía una idea diferente y la mía era poner una cafetería vegana, un lugar para que los veganos se sintieran libres de comer lo que quisieran, no solo ensaladas (o “puro monte”, como le digo yo); pero a mi familia le parecía muy… ¿Extraña? ¿Fea? ¿Cerrada? La idea de no servir carne, queso, huevo, ni miel a las personas. No entendían qué sentido tenía hacer eso. Pero en el fondo yo sabía que si lo hacíamos bien, podía resultar siendo una muy buena idea. 

Así que la mantuve y la mejoré. Invertí toda mi energía en hacer buena comida que le gustara a todos en mi casa, incluso oré pidiéndole a Dios que me ayudara a cocinar bien. ¡Y fue dando resultado! Mientras iba dándole forma a mi idea, más los convencía. Incluso le agregué el toque Gluten Free, pues por años de saber que una dieta sin gluten es complicada por vivir con una hermana que no puede comerlo, sabía que también era un grupo en crecimiento que necesitaba un lugar para comer en paz.

Al final todos aceptaron y nos pusimos manos a la obra.

Solo puedo resumir lo que vino después diciendo: fue una locura. Pero una buena locura, siempre guiada por Dios y de la mano de mi mamá, mi business partner. 

Todos los días, de tanto estrés, me arrepentía de haber dado una idea tan complicada y al mismo tiempo me volvía a animar para hacerlo con ganas. ¿Qué mejor que tener un lugar en el que podía motivar a muchas personas a probar un estilo de vida saludable, compasivo, que no hiciera daño a nadie? Estaba muy emocionada, a la expectativa que hacer muchos amigos con la misma intención que la mía.

Y fue hasta que vi a la cafetería terminada, limpia, lista para abrirse, que reconocí que sin darme cuenta había cumplido uno de mis sueños borrosos. Uno de esos que uno se imagina y no se cree capaz de alcanzar. Encontré un recetario que había escrito de niña, con letra incomprensible y recetas curiosas; encontré bocetos de lugares en los que quería vender smoothies y tener una biblioteca; encontré logos que me había inventado para una pastelería en la que imaginaba personas compartiendo su arte y viendo el atardecer con una taza de café en sus manos. Siempre tuve la intención de crear un espacio para compartir sueños y pasiones, pero tuve que poner el arte a un lado, ponerme a mí detrás y dejar que Dios estuviera al frente dictándome cuál era SU sueño, para que ese lugar se creara por sí solo.

Hoy no puedo hacer más que agradecerle a Él, no solo porque desde el primer día el lugar ya fue un éxito (se nos acabó la comida de tantas personas que llegaron a celebrar con nosotros), sino porque en ese lugar me está dando la oportunidad de combinar todos mis sueños. De hacer arte cada vez que sirvo un plato y me dicen que “es muy bonito”, de velar por la salud de cada persona que luego regresa y nos dice que se sintió bien al comer con nosotros, y de estar ahí compartiendo con seres llenos de amor que buscan junto a mí crear un mundo mejor.

 

Gracias a Dios (como dicen las señoras), gracias a mi familia por hacerme caso, gracias a mi mamá por luchar conmigo, gracias a mi abuelita por confiar en nosotros y darnos parte de su tesoro,  gracias a Axel por empezar todo cuando me regaló El Médico y luego nos ayudó muchísimo en el proceso de armar la cafetería, gracias a todos, gracias al 2017, siento que me gané un Oscar, hahaha ¡Estoy muy feliz! Ya me detuve, ya no busco más, aquí me quedo, en la cafe, en Ana Vegana :) mi estanque para patos; donde finalmente todas las decisiones que he tomado tienen sentido, se unen y se complementan.

Gracias a todos los que llegaron a acompañarnos y a probar un estilo de vida compasivo. Nos llenó de alegría saber que confían en nosotros y que disfrutaron de nuestras recetas. Mil disculpas a los que no pudieron probar, ¡nos quedamos sin comida! No nos esperamos todo lo bonito que pasó hoy, pero ahora ya sabemos que hay más veganos y celíacos de los que creíamos. Fue un gran gusto conocerlos y esperamos que vuelvan para seguir platicando. Deseamos que la comida haya sido de bendición para todos, pues nosotros no somos los dueños de esta cafetería, es Dios, quien desea el bien para cada persona que entra a acompañarnos. ¡Muchas bendiciones! #AnaVegana #inauguracion #govegan🌱 #glutenfree #theshops #comívegano

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4 comentarios sobre “Ana Vegana: Mi testimonio del 2017

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